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Patti, la gran dama del rock
A veces uno no duda en culpar a la distancia geográfica de las islas canarias y alegar que aquí apenas hay conciertos de relevancia, dicho siempre con envidia hacia los carteles de otras ciudades del mundo. Si bien es cierto que nuestra condición ultraperiférica dificulta el que Gran Canaria esté en la hoja de ruta de numerosas giras, no nos podemos quejar. En los últimos diez años han pisado estas tierras autores tan reputados como Roger Hodgson, Alan Parsons o Joe Cocker. Y ayer, sin ir más lejos, actuó en el Auditorio Alfredo Kraus, de Las Palmas de Gran Canaria, una auténtica leyenda viviente. Posiblemente la única mujer aún en activo que ha escrito una parte de la historia de la música actual, alguien que se ha codeado con los grandes y que, pese a las circunstancias y los años, se ha mentenido fiel a sí misma.
Hablo de Patti Smith, quien ayer se presentó ante su entregado público (es lo que tiene el rock en estos lares: los que gustamos de él somos minoría, pero una minoría que no duda en reunirse siempre que hay ocasión) con una sonrisa sincera, casi se podría decir que tímida, con atuendo informal y desenfadado y su característico aspecto, mostrando lo que es, sin artificios, sin engaños. Tan solo ella y su banda; micrófonos, guitarras acústicas, bajo acústico, piano y modesta batería. No hizo falta nada más para ofrecer un repertorio que me puso la piel de gallina varias veces. Una voz inconfundible y única, poderosa y que parece haber resistido bien el paso de los años y los kilómetros.
Hubo muchos momentos de complicidad con los asistentes. De vez en cuando se acercaba al borde del escenario y estrechaba las manos de aquellos que, desde las primeras filas, se levantaban y, con los ojos preñados de admiración, se la tendían. O cuando le cedió el turno a su guitarrista, con el que lleva décadas actuando, y se bajó para sentarse en un asiento libre de la primera fila, como una espectadora más, a escuchar.
Tras el final del concierto, Alexis, quien también asistió al espectáculo (portando camiseta y poemario de la Smith), fue uno de los afortunados que se llevaron una de las copias del set list que tenían la banda desplegadas en el suelo. Ha sido tan amable de pasarme el orden de las canciones por email. Fue el siguiente:
Dancing Barefoot
Redondo Beach
Birdland
Wing
My Blackean Year
Ghost Dance
Pissing In A River
Night Time/Pushin Too Hard (cover de The Seeds; interpetado por el guitarrista Lenny Kaye)
Beneath The Southern Cross
Path That Cross
Peaceable Kingdom
People Have The Power
Because The Night
Perfect Day (cover de Lou Reed)
Gloria
Hubo momentos muy especiales. Because the night, obvio, aunque a mí particularmente me emocionó escuchar de su boca el Perfect Day de Lou Reed. Pero glorioso, nunca mejor dicho, fue el cierre del concierto. Todo el mundo en pie, vibrando, alucinando con el buen rock, ese que, me temo, irá desapareciendo a medida que sus estandartes, los que todavía siguen en pie, vayan cayendo uno a uno.
Es ley de vida: los viejos rockeros nunca mueren.
Solo Rot… otra vez
Como fan de Ariel Rot estoy de lo más contenta y satisfecha. Ariel ha pasado de no actuar en Gran Canaria en varios años a hacerlo dos veces en menos de siete meses. Ayer actuó en la sala Pick Up de Las Palmas de Gran Canaria y, por supuesto, acudí a la cita. Esta vez no a solas, sino con un amigo que nunca le había visto en directo.
Fue en formato Solo Rot. Es decir, Ariel solo ante el peligro, armado con tres guitarras y un teclado. Aunque me lo pasé estupendamente, como concierto opino que estuvo mucho mejor el que ofreció en el CICCA el pasado noviembre de 2010. En el de anoche el principal problema fue que en la sala estaban tanto los que tenían interés por la actuación como los que no, y fue realmente incómodo el murmullo constante de los que estaban de charleta. Además, los que nos encontrábamos sentados cerca del escenario acabamos sentados en el suelo durante las canciones lentas a petición del propio Rot (una de las experiencias conciertiles más incómodas de mi vida, todo sea dicho).
Musicalmente destaco que tocó Te busqué, de su disco Hablando solo (nunca la había escuchado en directo) y su habitual repertorio, en el que no hubo lugar para Tequila en esta ocasión. Tras el concierto, me acerqué para que me firmara cuatro discos (los demás ya los tengo firmados, je, je), y cuando me miró me dijo: Yo a ti te conozco, ¿verdad?
Je, creo que soy demasiado friki xD
La odisea de ver a Sting en Gran Canaria
El próximo 13 de julio de 2011, Gordon Sumner, conocido internacionalmente con el apodo artístico de Sting, actuará por primera vez en Gran Canaria, en concreto en el Estadio de Gran Canaria, donde ya he ido a ver a Bryan Adams y Joaquín Sabina.
Las entradas se pusieron a la venta el pasado 23 de abril, y como me pilló en plena migración a WordPress, no pude decir las cosas en caliente. Y qué lástima, porque chiquito cabreo me pillé.
Vayamos por partes. Me encanta Sting. Su etapa con Police me parece maravillosa, y hay canciones de su discografía en solitario que están entre mis preferidas (como el caso de Englishman in New York, que me pone los pelos de punta. Y si es ya su videoclip, ni digamos). Su nombre ha estado en las apuestas para actuar en mi isla durante bastante tiempo, y ahora que ya es una realidad, me apetecía muchísimo ir al concierto. Si bien es cierto que hay ciertos aspectos alrededor del montaje del espectáculo que no me hacen demasiada gracia (que metan a la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y a su director, cuando es de sobra conocido cuál es la reputación de este último en Gran Canaria; o que anuncien a bombo y platillo lo buenas que son las instituciones porque las entradas nos van a salir un cacho más baratas que en cualquier otra ciudad [como si nos tuvieran que recordar lo mal que está la situación economicosocial]), pero como lo que me gusta es la música, no quería dejar pasar la oportunidad de ver a Sting con mi padre, y en nuestra tierra.
Así que ilusa que soy, confié en que el servicio de venta de entradas de Ticketmaster, el cual me ha dejado tirada ya en dos ocasiones (me quedé sin entradas para los Rolling Stones en 2003 y conseguí una de chiripa semanas más tarde gracias a uno de mis tíos; me quedé igualmente colgada cuando la penúltima gira de U2), funcionaría, pero como deduje que la web se colapsaría, decidí curarme de espanto e ir a Carrefour a primera hora, dado que ahí venden entradas de Ticketmaster y supuse (de nuevo ilusa de mí) que tendrían una conexión distinta con Ticketmaster, más segura y estable, como tienda autorizada para ventas que son (solo había comprado una vez ahí, una entrada para Tequila en Madrid).
Pues no. Las entradas se ponían a la venta a las diez de la mañana hora canaria. A las diez menos diez llegué y había una pequeña cola. Primera sorpresa: el centro comercial abre sus puertas a las nueve, así que había gente ahí desde mucho antes que yo. Se ponen a la venta las entradas y… la chica, con cara de circunstancia, nos anuncia que se le ha caído el servidor y que ha conseguido sacar dieciocho entradas (no recuerdo si era esa cifra exacta, pero por ahí) y que según el sistema, ya está todo vendido. Eso lo dijo a las diez y diez minutos, es decir, diez minutos después de salir a la venta las entradas.
Los que estábamos en cola nos quedamos con cara de pasmarote. Mi cerebro era incapaz de asimilar que diez mil entradas, todas ellas numeradas, se hubiesen esfumado en diez minutos. Los cerebros de los que estaban en la cola conmigo, también. Empezaron las llamadas telefónicas y los enfados. Le pregunté a la chica “que qué porquería de sistema era ese, porque si lo intentas desde la web o desde el teléfono, la web se cae y el teléfono comunica, y si voy a la tienda, se les cuelga el sistema”. La chica se puso a la defensiva (la verdad es que ahora me da hasta pena) y trató de excusarse.
Hago un par de llamadas y, efectivamente, me confirman que en la web de Ticketmaster figuran las entradas para Sting como agotadas. Así que me vuelvo a casa, cabreadísima, y vuelco mi furia en Facebook, sabiendo que es inútil. Para colmo, íbamos con prisa porque nos teníamos que ir al sur. Me dejo el móvil atrás, en casa de Pedro.
Al rato me llaman al móvil de Pedro y me dicen que las entradas vuelven a estar a la venta. Yo flipo. Tenía un ordenador a mano, así que intenté comprarlas por la web, pero cuando iba a pagar, se quedaba colgado el servidor. Nos marchamos al sur. Mi pobre madre se quedó “responsable” de la ardua tarea de intentarlo por teléfono. Finalmente consiguió que le contestaran por el servicio de venta telefónica a las cuatro de la tarde y nos pilló a mi padre y a mí dos entradas en la grada.
A día de hoy, dos semanas después, sigue habiendo entradas a la venta.
En resumen: Ticketmaster es un desastre. Si uno puede afirmar las cosas en base a las experiencias, las mías son demoledoras: tres veces he intentado comprar entradas con ellos, tres veces en que no he podido. Encima, los gastos de gestión son altos. Es un sistema nefasto. Yo lo tengo claro: paso de comprarles. Si es un concierto que me muero por ganas de ver y no me queda otra, vale, pero si no, que les den.
Solo espero que el espectáculo valga la pena. Que la presencia de Sting y su música, aunque sea con versiones orquestadas, me hagan olvidar el mal trago.
Every little thing he does is magic.
Un karaoke de lujo…
Anoche sumé a mi haber una nueva experiencia musical: asistí al ensayo general de un espectáculo compuesto de varias escenas de óperas que se representará oficialmente el próximo sábado (fatídica fecha por coincidir con un Madrid-Barça, todo sea dicho). Fui al ensayo general porque Pedro interviene como miembro del Coro y la organización, en vez de darles aunque fuera una mísera entrada para la obra, les dio dos para dicho ensayo.
Aunque ya iba advertida por un SMS suyo, segundos antes de que comenzara el último y crucial ensayo, se anunció por magafonía lo siguiente: “Se recuerda a los señores espectadores que esta representación cuenta como una jornada más de trabajo y que los cantantes no tienen por qué dar la voz”. Dicho en otras palabras: que la cantante protagonista del espectáculo se limitó a mover los labios y gesticular.
¿Opinión sincera? Vale, lo puedo entender. Vivo con un cantante y sé cómo se acaban cansando las cuerdas vocales, pero lo de anoche fue surrealista: una orquesta (ver a los músicos vestidos de calle y en vaqueros es genial xD) tocando a todo volumen, bailarines representando sus coreografías al milímetro, el Coro, como siempre, dando el callo, y una bella “figurante” moviendo la boca como si aquello fuera un playback con fallos técnicos o una sesión de karaoke de lujo en movimiento y sin pista de subtítulos.
Como no es justo juzgar sin haber visto el resultado final antes, no diré mucho más. Tal solo recalcaré que lo único que me llamó verdaderamente la atención fueron algunos elementos retro de la escenografía, como el fondo imitando a una antigua carta de astrología, con estrellas retro también de metal que caían suspendidas del techo en un determinado momento.
El resto me aburrió cosa mala, salvo cuando salió el Coro. Varios “bravos” sonaron para ellos. Pero me sigue pareciendo indignante que se les dé el trato que están recibiendo por parte de la organización del concierto. Si yo les contara… Lo resumiré en una sola escena visual: Nisa el pasado martes a las doce de la noche cogiendo el coche para recoger en el Teatro Pérez Galdós a los restos de su novio, quien se pasó cuatro horas ahí para cantar apenas veinte minutos, intercalados con espacios de una hora y pico sin hacer nada, y con un director de escena que, literalmente, estuvo improvisando, a cuatro días del evento, dónde colocarlos.
Viva la aspirante a ciudad cultural europea 2016.










