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Solo Rot
Ya lo comenté hace tiempo por aquí, pero pecando de confianza con el lector, me repetiré: mi primer CD fue el Hasta luego de Los Rodríguez, disco con el que dicho grupo puso punto y final a su corta pero meteórica carrera. Por aquel entonces, empecé a aficionarme a sus canciones; años después, cuando Ariel Rot llegó a mi vida como un flechazo brutal cuando le vi en un programa de entrevistas televisivas que por aquel entonces aún existía (Lo + Plus), me di cuenta de que los temas que más me gustaban de Los Rodríguez estaban firmados, en un 80% de los casos, por ese tipo poca cosa, de impactante mirada verde, característico timbre de voz y prodigiosos dedos de guitarrista.
Han pasado doce años (o más, perdí la cuenta), durante los cuales no he dejado de seguir su trayectoria. Fui muy feliz cuando me enteré por su página web de que su gira Solo Rot recalaba en mi ciudad. Así que me compré entrada en la segunda fila del teatro (algo que aprendí de mi amiga Natalia: la primera fila no es la mejor, sino la que viene detrás) y fui a verle en directo el pasado viernes por la noche.
El concierto fue en formato acústico: dos guitarras (una de ellas, bajo su mando), un bajo acústico y un teclado. Nunca una actuación suya me gustó tanto. Fue maravilloso: la sonoridad de las canciones, la fuerza en ese formato, la selección del repertorio y verle de nuevo al teclado, interpretando en cualquier caso grandes canciones de todas sus épocas, desde sus grandes éxitos como solista, pasando por algunas de las más conocidas que escribió para Los Rodríguez (Dulce condena y Me estás atrapando otra vez) hasta algunos de los que componen su último trabajo. Genial Manos expertas y Dulce mirada; fantástica la versión únicamente de teclado de Una casa con dos balcones. Increíbles, como siempre, Vals de los recuerdos y Geishas en Madrid, con dedicatoria a la persona de la que habla la canción e historia adjunta. Me pasé las dos horas de recital cantando y con una gran sonrisa en la boca.
Pero no solo fue un concierto redondo musicalmente… A su término nos quedamos unos pocos fans rezagados y pudimos acceder en grupos de cuatro al backstage. Mi rotulador permanente (yo iba equipada con mi disco de Solo Rot, dicho rotulador y una cámara de fotos compacta, por si acaso) tuvo bastante uso, porque los demás que entraron conmigo traían un montón de fotos que se habían sacado con él cuando actuó con Alejo Stivel el año pasado aquí y no tenían con qué hacerlas autografiar…
Gracias, Ariel, por todos esos momentos. Por mirarme a los ojos con una sonrisa y flipar un poco cuando esta fan loca te dijo que era la séptima vez que te veía en concierto… Tal y como me dijiste en el autógrafo, “hasta siempre”… O mejor dicho, hasta la próxima.










