Y el Mastropiero a la mejor actuación es para…

Los grandes artistas y las grandes producciones culturales siempre tienen una mitología detrás, ya sea porque el paso del tiempo y la gente se las ha creado, o porque ellos mismos germinaron un concepto que, con el transcurso de los años, llega a ser tan importante, o más, que el artista/obra en cuestión. Y prueba de ello es que… ¿qué sería de Les Luthiers sin Johann Sebastian Mastropiero? Él, que ha protagonizado directa e indirectamente tantos números de los argentinos, merecía con honores que se entregasen unos premios que llevasen su nombre…
Y anoche se entregaron. Fui con Pedro y nuestros amigos Jose y Yeray (todos fans de Les Luthiers de toda la vida) a una de las diez representaciones seguidas que están ofreciendo en el Auditorio Alfredo Kraus, en Las Palmas de Gran Canaria, estos días. La sala estaba hasta los topes, como siempre. Son de los pocos artistas que da igual cuándo vengan o cuánto cuesten las entradas (que no eran baratas precisamente), pues siempre, siempre llenan. Y con todo el merecimiento.
Les Luthiers ya no tienen que innovar ni arriesgar. Lo hicieron en sus comienzos, hace más de cuarenta años, con una fórmula que combina instrumentos ingeniosos creados con materiales de la vida diaria (de ahí lo de luthier) con un humor que aprovecha los recursos lingüísticos del español. Si bien en sus principios sus grabaciones eran muy didácticas y técnicas musicalmente hablando (Pedro, que estudia música en el Conservatorio, me ha dicho que sí que son de ayuda) con el tiempo han mutado en un humor casi universal con varios sellos de la casa.
El espectáculo de ayer, Los premios Mastropiero, no es el más original de Les Luthiers, pero da igual. Muchos de los gags ya los han usado antes (por ejemplo, Ya no te amo, Raúl es el juego de un cantante en apuros que ha de improvisar una letra escrita desde el punto de vista del sexo contrario y la cambia al masculino, en su caso, algo que ya se empleaba en Enrique VI), pero, insisto, ¿qué mas da? Son geniales. Tienen una presencia en el escenario maravillosa, son capaces de hacer que te partas con solo permanecer callados en el escenario, son unos músicos y cantantes increíbles y, sobre todo, no necesitan emplear ni una palabra malsonante para conseguir que mil quinientas personas terminen con dolor de mandíbula al finalizar el espectáculo de tanto reír.
Detalle del programa. ¡Me encantan los programas de sus giras!
La afición a Les Luthiers se la debo a mis padres. Cuando mi hermano y yo éramos pequeños, rogábamos que nos pusieran en el coche la cinta de cassette donde estaba grabado el disco Les Luthiers hacen muchas gracias de nada, y nos lo sabíamos de memoria. También tenían un VHS con una actuación que se emitió en TVE en el año catapum y la veíamos a menudo. Luego conocí a Pedro y a la pandilla y descubrí que ellos también llevaban años y años oyéndolos y que se sabían al dedillo muchas de sus piezas.
Sé que ya están mayores, y cada vez que voy a verlos la disfruto como si fuera la última (quien sabe), pero deseo que les quede cuerda para rato. Sin duda, al mundo le hace falta más luthiers como estos.
Si Les Luthiers pasan por su ciudad y pueden conseguir entradas, no se lo pierdan y vayan… Véanlos antes de que crezcan…

Arizona baby: el nuevo rock country viene de Pucela

Confieso que hace tres semanas no tenía ni pajolera idea de quiénes eran Arizona Baby. Por suerte, un amigo (concretamente, el novio de Arse xD) me pasó un videoclip de una de sus canciones y me comentó que tocaban en el CICCA, por si quería ir al concierto con él. Me moló tanto el vídeo en cuestión que acepté.
Fue anoche, en Las Palmas de Gran Canaria. Solo puedo decir que hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien en un espectáculo musical. Arizona Baby son un trío que toca rock acústico de estilo country. Únicamente son dos guitarras (una de ellas de acompañamiento) y percusión básica. El guitarra de compañamiento es a su vez es el cantante y el batería hace los coros. No necesitan nada más. Alucinante, en serio, cómo llenan el escenario estos tres chicos de, atención, Valladolid. Sep. Más papistas que el papa. Han sido teloneros de Mark Knopfler, el ex de los Dire Straits. Por algo será…
Cantan en inglés y su música tiene un ritmo y una armonía increíbles. Te transmiten buen rollo de forma instantánea. El guitarrista, Rubén Marrón (el señor Brown, como le llamó Javier Vielba, cantante) toca las cuerdas de la acústica como no se lo he visto/oído hacer a nadie. El batería, Marcos Úbeda, nos deleitó con una sesión de máquina de lavar (ese instrumento compuesto de placas de metal que se toca poniéndose una especie de dedales en las puntas de los dedos) y la voz de Vielba suena muy yanki sin ser yanki.
La verdad es que recomiendo encarecidamente ir a verlos en directo. Para que se hagan una idea de lo mucho que me gustaron, me compré el CD a la salida. Como los tres salieron a firmar autógrafos, me lo llevé dedicado, al igual que la entrada. Mi compañero de concierto (seeeh, tras diez años yendo sola a casi todos los conciertos, encuentro a alguien de gustos afines T.T) se llevó el vinilo.
Sorprendente, refrescante y esperanzador que en España haya gente así, que se arriesgue y haga cosas fuera de lo común. Hoy estoy medio afónica (salimos todos después por ahí) y tengo sueño (mi sobri nos despertó felicitando efusivamente a su abuelo  por su cumpleaños, a las siete de la mañana, así que he dormido cuatro horas), pero que me quiten lo bailado.

Siempre nos quedará M-Clan

Tengo una anécdota curiosa con Carlos Tarque: la primera vez que le vi, fue cuando asistía al concierto de Ariel Rot que se grabó y dio lugar al disco en directo En vivo mucho mejor. Fue en Galapagar, un pueblo a las afueras de Madrid (prácticamente en la sierra); como buena exagerada que soy, llegué al recinto del concierto como dos horas antes y allí no había aún nadie. Me puse a esperar con paciencia a las puertas del teatro y al rato dejé de ser la única: había por ahí un tío altísimo, de pelo rizado y medio afro que de vez en cuando me miraba con una expresión extraña. El caso es que me sonaba un montón, pero no sabía por qué.
Cuando ya avanzado el concierto Ariel Rot presentó al artista invitado de la noche, con el que tocó un tema, se me quedó cara de tonta: ahí estaba el tipo alto de pelo afro y rizado… El cantante de M-Clan, me dije.
Han pasado más de diez años desde entonces, pero hay dos cosas que no han cambiado con respecto al sábado, cuando fui con Arsénico, Nayra y sus respectivos al concierto que los murcianos ofrecieron en el Teatro Víctor Jara de Vecindario, al sur de Gran Canaria. Estas dos cosas fueron impresiones mías: que el Tarque sigue teniendo una de las mejores voces del rock en español y que es largo como él solo.
En medio del, por desgracia, mediocre panorama de la música española, siempre es reconfortante ver recintos como el Víctor Jara llenos hasta la bandera (las entradas se acabaron hace mucho) y tanta gente disfrutando de un concierto de calidad, con una banda ya veterana que tiene un directo contundente, pero sobre todo un cantante que si hubiese nacido inglés o americano, habría estado ya entre los grandes. Dudo sin embargo que Carlos piense que el haber nacido hispanohablante sea un lastre; él hace la música con la que disfruta, sin cortarse un pelo al reconocer sus influencias, metiendo una sección de metal en la gira del último trabajo de la banda que lidera, haciendo homenajes a esos a los que admira. En las más de dos horas de espectáculo tuvieron cabida Rod Steward, The Who y la Steve Miller Band. Ironías de la vida, dos de las canciones de M-Clan más famosas para el gran público son versiones al español de canciones del primero y los últimos.
Eso se notó un poco, a mi entender, el sábado. Mucha gente, muchas cabezas moviéndose al ritmo, pero pocas bocas moviéndose al cantar los estribillos. Demasiadas para mi gusto pidiendo un Carolina que no llegó. El set list cedió el protagonismo a las canciones recientes. De ese album genial que, en mi opinión, es un clásico del rock español, Usar y tirar, solo cayeron Quédate a dormir y Llamando a la Tierra
De resto, solo tres cosas malas: la acústica, los fallos técnicos (ese micro inalámbrico que falló como seis veces a lo largo de la noche) y el calor humano, en el mal sentido de la palabra. Me encanta que Vecindario se esté convirtiendo en un lugar donde celebrar conciertos, una alternativa estupenda a la capital, pero el teatro necesita un par de arreglos. 
En definitiva: que, como decía Ariel Rot, cuando la música barata ya no para de sonar…, siempre nos quedará M-Clan.

Paradita de Taxi en Gran Canaria

Ayer hice ejercicio de nostalgia y acudí a un concierto al que me entraron ganas de asistir en cuanto supe que el grupo en cuestión iba a actuar en Gran Canaria. Puede que para mucha gente de mi edad, si les digo que actuaron Taxi, eso no les diga nada; pero si añado que los orígenes de Taxi se remontan a Melon Diesel, seguro que la cosa cambia.
Es algo que pude comprobar ayer en el CICCA mientras observaba al público entre canción y canción: se nos podía dividir a todos en tres grupos: los fans que se sabían todas las canciones, los que solo conocían las de Taxi y los que solo conocían las de Melon Diesel. Yo me incluyo en el último, aunque me sabía los estribillos de las nuevas gracias a San Spotify.
Melon Diesel (a la derecha) fue uno de los grupos españoles que más escuché durante mi adolescencia tardía. Eran de Gibraltar (vamos a decir que son de Gibraltar, porque más de la mitad de sus miembros forman ahora Taxi) y se caracterizaban por su rock medólico, sus letras tanto en inglés como en español y, sobre todo, lo que a mi criterio los hace especiales y únicos: la maravillosa voz de su cantante, Dylan Ferro, principal motivo por el que anoche fui al concierto.
Hace ya muchísimos años los vi en directo, durante la grabación con público del difunto programa musical de radio La gramola. Recuerdo que me impactó mucho la voz de Dylan. El tiempo ha pasado para todos, aunque él sigue conservando su esencia (y los piercings), pero, sobre todo, esa voz tan peculiar que, a pesar de las deficiencias del sonido por los numerosos problemas técnicos, hizo las delicias de los asistentes, acento andaluz inclusive en los chascarrillos entre temas.
Me alegra que pese a las desavenencias, hayan seguido adelante. Parece que el motivo de la desaparición de Melon Diesel fue, básicamente, idiomático. Algunos de sus miembros solo querían cantar en inglés, otros en español. Los que acabaron en Taxi fueron estos últimos. Han sacado tres discos hasta la fecha, uno de ellos reinterpretando temas del grupo por el que se dieron a conocer. 
En definitiva, una banda no tan popular como debiera, con un estilo relajado y optimista, buenos en directo y con bastante rodaje a las espaldas. ¿Qué más se puede pedir? 
Dejo por aquí un vídeo con la que es mi canción preferida de todas las que han firmado hasta la fecha. Fue una pena que ayer no estuviera entre las rescatadas del antiguo repertorio, puesto que tocaron bastante del último disco de Taxi y unas cuatro de Melon Diesel. Lo dicho: si pasan por tu ciudad, lector, y te pica la curiosidad, ve a verlos. Pasarás, como mínimo, un buen rato.

Conciertos gratuitos en el Pérez Galdós

Los que residan en Gran Canaria o estén de paso por la isla los días 22 y 23 de diciembre, ya no tienen excusa para no ir a un concierto de la OFGC y su coro en el prestigioso Teatro Pérez Galdós, puesto que ofrecerán dos conciertos gratuitos en dichas fechas.
Las entradas se pueden retirar en las taquillas del teatro Pérez Galdós (lunes a viernes de 10.30 a 14.30 y 17.30 a 20.30, sábados de 11.00 a 14.00) y en la Sede de la OFGC (lunes a viernes de 8.30 a 13.30) a partir del lunes de diciembre y hay un máximo de 2 por persona.

El Cabildo de Gran Canaria ha organizado dos conciertos de Navidad para el miércoles 22 y el jueves 23 de diciembre en el teatro Pérez Galdós a las 20.30 horas, según informa en un comunicado. Estos conciertos, “de carácter gratuito”, contarán con la actuación de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y el Coro de la OFGC y la colaboración del coliseo grancanario. Además participarán la soprano Olga Peretyatko, la mezzosoprano Belén Elvira, el tenor Gustavo Peña y el barítono Augusto Brito. El conjunto estará bajo la batuta de Pedro Halffter.

El programa que ha preparado la ocasión “sintoniza plenamente con las fechas navideñas y estará compuesto casi en su totalidad por obras de Wolfgang Amadeus Mozart”, dice el comunicado. Abrirá  el concierto la Sinfonía de los Juguetes de Leopold Mozart, padre de Wolfgang Amadeus. Se trata de una pieza en la que, como indica su título, tienen una presencia destacada las intervenciones solistas de diversos instrumentos o “juguetes” como la carraca, el tambor, el cuco, la trompetilla o los pajaritos, todos ellos a cargo de un simpático grupo de niños de la Academia de la OFGC.

Seguidamente se interpretará Una broma musical, K 522, “un divertimento para trompas y cuerdas que Mozart compuso con intención paródica hacia algunos de sus contemporáneos. Es una pieza llena de recursos musicales relativos al fraseo, la dinámica o la armonía que Mozart deforma o exagera con gracia para lograr un efecto humorístico”, explica el comunicado. 

La segunda parte del concierto estará integrada por la Misa en Do mayor K 317, conocida como Misa de la Coronación, una obra compuesta en 1779.