Terminé de leerme el primer tomo de Seton, el naturalista viajero el sábado, pero no había podido hablar de dicho manga hasta hoy.
Con él he completado otra obra de Taniguchi. En el caso particular de Seton, las he leído al revés, aunque ahora que tengo la perspectiva global, creo que he hecho bien: empecé por el volumen 2, en el que conocemos a Ernest Thompson Seton de niño. Luego leí el tomo 3, en el que le vemos forjar sus cimientos como naturalista y cazador convertido en un joven adulto. En el primero volumen, irónicamente, nos encontramos a un maduro Seton de treinta y pocos años que, en Nuevo México, halla en un colosal lobo al que debe dar caza su inspiración final para llegar a convertirse en escritor de culto. Así que, casi por azar, he seguido la vida del personaje, basada en el hombre real, linealmente.
Me ha gustado esta primera entrega, si bien no ha sido mi favorita. De tener que elegir uno de los tres volúmenes, me quedo con el último, quizás porque me identifico más con Seton en esa franja de edad en la que se encuentra durante el transcurso del cómic.
En este que ahora nos ocupa (siento no poner más imágenes, ya devolví el tomo a la biblioteca), vemos cómo Taniguchi recrea exquisitamente el entorno del viejo oeste y el espíritu noble y salvaje de los lobos grises, hoy en día prácticamente extinguidos por la masificación del ganado y la caza de los rancheros. Precisamente, esa es la moraleja de la historia: el hombre es un animal mortífero, un cazador despiadado que arrasa allá donde va.
Definitivamente, creo que vuelvo a recomerndarla. No ha habido obra de Taniguchi por el momento que me haya decepcionado. Os gustará su toque occidental, siempre es curioso ver a personajes y entornos más cercanos a nuestra cultura vistos por los respectivos lápices de un guionista y un mangaka japoneses.











